13 de febrero de 2017

Desigualdad, clases sociales y sociedad de los tres tercios (3ª parte de tres)

5) Sociedad de los tres tercios
En el mundo actual efectivamente hay dos “sociedades”: la de los establecidos (activos integrados) y la de los excluidos. Consideramos que el proceso de dualización de la sociedad no explica suficientemente la realidad de la estructura social. De hecho borra o casi invisibiliza las diferencias dentro del grupo de los integrados. Y, por otra parte, en el campo de la exclusión, debemos diferenciar al menos dos clases sociales: el precariado y los excluidos.
Si juzgamos que hay sólo una sociedad dual, de integrados y excluidos, nos dedicaremos únicamente a actuar para la integración social de ese sector excluido. Desde las políticas sociales, fiscales, etc. nuestro objetivo será aumentar-ensanchar el lado de la sociedad “normalizada”, integrando al mayor número posible de los que están fuera. Tarea muy loable, pero nos estaremos olvidando de todos los datos que citábamos anteriormente, referidos al aumento de las desigualdades sociales, y consideraremos que la mayoría de la población se sitúa en el mismo bloque, desde los trabajadores manuales hasta los más ricos.

De hecho, en numerosos estudios al preguntar por la auto-ubicación (en clase alta, media y baja), la inmensa mayoría de la población se categoriza en clase media, ya sea media-alta, media-media o media-baja ¿Es lógico situar en la misma clase media a un trabajador manual (con unos ingresos cercanos al SMI), al especialista y al ejecutivo o director de una gran empresa, asalariado con unos ingresos 20 o 40 veces mayores? Como indica Vicenç Navarro1, la identificación de la gran mayoría de la población como clase media obedece a una intención política que busca la eliminación de las categorías de clase social y de lucha de clases de los análisis sociales científicos, tachándolas de “anticuadas”. Podemos considerar más adecuado el esquema general en tres grandes bloques (figura 5):
  1. La oligarquía, clase dominante conformada por las élites del poder: propietarios y directivos de las grandes empresas, corporaciones, entidades financieras y de inversión y de los grandes medios de comunicación, que ostentan el poder económico y, casi siempre, el político-comunicativo.
  2. Las clases medias trabajadoras, que comprende a diferentes clases sociales: los trabajadores muy cualificados; los trabajadores fijos o con trabajo estable, de empresas públicas (funcionarios y laborales) o privadas; el mediano y pequeño empresariado (comerciantes, campesinado, dueños de pequeña empresa); a los autónomos y profesionales por cuenta propia, y a los no cualificados pero con trabajo estable. A pesar de lo expresado por Navarro, nosotros consideramos que el término “clases medias”, o mejor dicho clases medias trabajadoras, es la mejor denominación para conceptualizar a este bloque de clases. Diverso pero con bastantes intereses comunes.
  3. El precariado y los excluidos. Bloque compuesto por dos clases principales: los que eventualmente tienen trabajo, no fijo, como es el caso del empleo precario y eventual, que hemos citado en varias ocasiones anteriormente, y que algunos autores denominan “precariado”, y los que no tienen trabajo, salvo en contadas ocasiones y que de hecho están expulsados del mercado laboral: parados de larga duración, trabajadores en la economía sumergida, personas con gran discapacidad que por sus características funcionales (enfermedad mental, discapacidad psíquica o física,...) dependen económicamente de los subsidios públicos. En este bloque hay que incluir también a jubilados con bajas pensiones (inferiores al SMI) y personas que por otras causas no hayan trabajado nunca fuera del hogar (como eran las amas de casa) y/o les sea prácticamente imposible encontrar un trabajo legal suficientemente remunerado (inmigrantes en situación irregular, sin cualificación, etc.).
Esta pirámide social cambia según el país y el tipo de sociedad de que se trate. La estructura europea está mejor representada por la “guitarra”. En Europa y los países con más renta per cápita, la oligarquía está muy estructurada y jerarquizada entre sí, con grandes diferencias socioeconómicas. No es lo mismo los milmillonarios (las fortunas que tienen más de mil millones de dólares, que no han parado de crecer desde 2007), que los directores de empresas, grandes empresarios con fortunas medias, etc. Por eso la parte superior de la pirámide social es la parte estrecha de la guitarra, alargada y desde la que la oligarquía mueve los hilos, ajusta o (nos) aprieta las clavijas y toca las cuerdas que hace sonar (y bailar) al sistema. Son diversos pero todos ellos tienen los mismos intereses fundamentales de clase, de mantenimiento del status quo. Es claramente el denominado 1%, frente al 99%, denunciado por los movimientos de indignados. Pero, como veremos, no se trata solo del 1% de la población.
En las clases medias trabajadoras es donde se encuentra la mayoría de la población –provocando un cambio en la forma de representación social- y finalmente tenemos la de los excluidos, que va en aumento, aunque en nuestro ámbito es aún minoría, siendo mayoritaria en países empobrecidos.
La fragmentación social y económica se ha incrementado constantemente. Como sabemos, las diferencias salariales no han parado de aumentar. Las diferencias en el interior de las empresas también. Es una estrategia fundamental para el mantenimiento del status quo el que no se visualicen las clases sociales y que tampoco se vean “bloques sociales” (burguesía frente a proletariado, trabajadores frente a empresarios, etc.). Dentro de cada empresa cada vez hay más niveles salariales, categorías, subcategorías, privilegios para los fijos, complementos de antigüedad, incentivos según la producción, frente a los precarios, eventuales, becarios, contratados por horas, falsos autónomos (que dependen de una sola empresa), etc. Incluso en las administraciones y empresas públicas.
La cultura, en sentido amplio, es fundamental para mantener el sistema y también lo ha sido para favorecer la fragmentación social. Los medios de comunicación, las religiones, hábitos y costumbres, como parte del mundo cultural, han ejercido una gran labor: el potencial enfrentamiento entre clases sociales queda diariamente tapado por las noticias sobre enfrentamientos y fracturas entre nacionalidades y nacionalismos, religiones y fundamentalismos diversos, migrantes frente autóctonos, entre géneros, sexos y formas de familia, entre grupos de edad, incluso entre fans y entre los seguidores de los diferentes equipos de fútbol.
Como vimos, cada contradicción social tiene su propia razón de ser y su lógica de desarrollo, pero la socioeconómica trata de ser ocultada por muchas otras. Ya que, los que tienen el poder, no podrían mantenerlo si fuera muy visible ese 1 frente al 99% Como vimos, la autoidentificación con la clase social ha descendido en importancia para la mayoría de la población. Pero el descenso ha sido mayor si preguntamos por la identificación con la “clase obrera”, incluso entre los trabajadores manuales:

Tabla 1. Evolución de las autoidentificaciones de clase de los trabajadores manuales en España (%)
Clase 1985 1995 2000
Media 38,5 57,6 70,4
Trabajadora 15,3 21,8 16,5
Obrera 16,6 8,4 4,9
Fuente: Encuestas sobre espacios políticos y Encuestas sobre Tendencias Sociales2

En unos años de crecimiento del Estado de Bienestar en España, una parte de los que se consideraban obreros pasan a percibirse como “clase trabajadora” (en 1995) pero, aun así, la mayoría de los trabajadores manuales se identifican cada vez más como “clase media” en 2000. Por contra, en los últimos años y desde que la crisis se consolida (con la ampliación de las zonas de exclusión y del precariado), se produce un aumento de los que dejan de considerarse como clase media. En 2013 el 35% de los obreros manuales se consideran (o vuelven a verse como) clase trabajadora, obrera o proletariado3. Confirmando también así la difuminación y la volatilidad de los contornos de eso que denominamos clase media: “en la última Encuesta del GETS24, los que se consideran como clase media habían bajado a un 57,1% respecto a proporciones anteriores que bordeaban el 70%, en tanto que los que se situaban en las posiciones bajas y dependientes ascendían al 39,1%”4. Tal es el terremoto social causado por la crisis. Pero aun así hay que considerar, como continúa Tezanos, que “Tal evolución de las tendencias de autoidentificación de clase no debe llevar a perder de vista que una mayoría notable de la población aún continúa considerándose como clase media cuando se la pregunta de manera abierta y no condicionada a qué clase social pertenece”.
Empeñarse, por tanto, en negar la existencia de una “clase media” o considerar que esta es un espejismo, autoengaño de los trabajadores creado por el Estado capitalista, es un objetivo inalcanzable, una tarea sin fin. Parece más lógico preguntarnos por las características de esos amplios grupos sociales que se autoidentifican como clase media y ver si tienen o no suficientes características comunes como para denominarlos de una manera u otra.
Qué clases están en cada uno de los bloques y qué intereses representan. La clasificación ESeC
Como comentábamos antes, diversos autores de tradición marxista o weberiana (Wright, Goldthorpe, Erikson,...) han realizado diversas clasificaciones de las clases sociales contemporáneas más complejas que las citadas en dos o tres grandes grupos, llegando, por ejemplo Wright, a determinar hasta doce clases sociales diferentes. Requena, Salazar y Radl se inclinan por considerar que la mejor es la denominada “Clasificación Socio-económica Europea (ESeC)” que está “desarrollada a partir del esquema de Goldthorpe. Es una clasificación de agrupaciones de ocupaciones, que además tiene en cuenta la posición relativa en la jerarquía de competencias y el número de personas subordinadas que le corresponden a cada individuo en el lugar de trabajo”5.
Es, por tanto, una clasificación basada en la relación con el empleo, llegando a diez categorías básicas de las que existen datos estadísticos muy útiles, pero que deja fuera otros aspectos más difíciles de concretar objetivamente: cultura, nivel formativo, estatus social, formas de participación, desarrollo vital, consumo, etc. Una parte de estos aspectos si sería posible concretar en futuros estudios y, por tanto, determinar estadísticamente y llegar a una clasificación más completa, al cruzar estos datos con los de ocupación profesional. En la actualidad carecemos de esos análisis pero sí tenemos los suficientes para utilizar la clasificación ESeC. Aunque esta clasificación deja fuera los extremos de la pirámide social: no está contemplando las cifras, por un lado, de las grandes fortunas ociosas y de los rentistas, en definitiva, a los más ricos y superricos, que carecen de empleo conocido, o su empleo oficial es decorativo o irrelevante, pero tienen el máximo poder. Por ejemplo ¿cuál es el empleo de los duques de Alba o de los archiduques y de las familias de la realeza europea? Solo los imaginamos pero habrá quien defienda que se dedican profesionalmente a administrar sus bienes y herencias. Este primer caso, al ser pocos, se pueden considerar integrados estadísticamente en la categoría 1 de la clasificación: “grandes empleadores, directivos y profesionales de nivel alto”.
Por el otro lado, no aparecen en la estadística los integrantes de la exclusión social permanente, estructural, que describíamos antes, aunque se citan en la clasificación general en el puesto 10: “excluidos del mercado de trabajo y parados de larga duración”, sin cuantificar. Con los datos que tenemos de la ESeC, completados con los de otras fuentes, sí que podemos concretar mejor el esquema de la sociedad de los tres tercios y qué clases incluye cada uno de los tres bloques, en España (Tabla 2).

Tabla 2. Estructura de clases de la población ocupada en España (valor absoluto y porcentaje, 2010)
Población ocupada Total (miles) % Clases sociales por Bloques (% final)
1. Directivos y altos profesionales 1.817 9,8 1er tercio: 9,8 --> 8,32
2. Directivos y profesionales bajos 2.631 14,2
3. Empleados de cuello blanco de nivel alto 2.457 13,3
4. Pequeños empresarios y autónomos (no agr.) 1.778 9,6 2º Tercio: 77,2 --> Prorrateado:65,58
5. Pequeños empresarios y aut. agrar. 456 2,5
6. Supervisores y técnicos nivel inferior 235 1,3
7. Servicios/comercio de nivel bajo 2.723 14,7
8. Trabajadores cualificados 1.873 10,1
9. Trabajadores no cualificados 4.503 24,4
(-13% trabj. pobres)
Total 18.476 100
10. Población por debajo del umbral de la pobreza: precariado y excluidos del mercado de trabajo.

26,1
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de la Encuesta de Población Activa, agregados por Requena6 e incluyendo el apartado 10, “excluidos” que, según el INE, en la Encuesta de Condiciones de Vida, es el 26,1% de la población española (Tasa de riesgo de pobreza o exclusión social en 2010). La 3ª columna son los tres bloques, como suma de sus clases sociales, prorrateadas: se ha descontado proporcionalmente el 26,1% de excluidos de la población española y, del 2º bloque, se ha descontado proporcionalmente el 13% de trabajadores pobres que pasan al apartado de exclusión. El resultado final lo vemos resumido en la Tabla 3.
Tabla 3. Sociedad de los tres tercios en España (resumen, población 2010)
Bloque social millones %
Oligarquía (clase alta: grandes empresarios, directivos y altos profesionales) 3,9 8,3 %
Clases medias trabajadoras 30,8 65,6 %
Precariado y población excluida 12,3 26,1 %
Elaboración propia (total población 47 millones)

Hay que tener en cuenta que una parte de los trabajadores no cualificados son de hecho “trabajadores pobres”. Por lo tanto una parte de la población excluida queda registrada como ocupados. “El porcentaje de trabajadores que perciben una cantidad igual o inferior al salario mínimo interprofesional (SMI) ha aumentado sustancialmente desde el año 2007, con el resultado de que en 2013 trece de cada cien empleados vivían en esta realidad (8.979 euros anuales para ese año)”7. Dado que los datos de cualificación serían discutibles, al entrar la eventualidad y precariedad, hemos considerado que es ese 13% del total de los trabajadores activos los que podemos considerar que forman parte del precariado y por lo tanto del tercer bloque, 2,4 millones de trabajadores que están por debajo del umbral de la pobreza8. El 87% de los ocupados formarían así la “sociedad integrada” (primer y segundo tercio). En el tercer bloque hemos considerado el 26%, que es una cifra baja de las consideradas sobre exclusión (p. ej. la tasa AROPE sube al 29% en 2015). Los pensionistas (jubilados o no), los estudiantes y los menores de 16 años consideramos que están en familias de las diferentes clases sociales y niveles profesionales de la población ocupada. Los resultados finales los vemos resumidos en la Tabla 3, en la que lo significativo son los grandes porcentajes por bloques, y descritos en la Figura 6.


Figura 6. La pirámide social es una guitarra en la sociedad de los tres tercios

Conclusión
Consideramos que la estructura en tres bloques es lo más significativo de nuestra sociedad y lo que puede definir mejor las diferentes políticas de alianzas. La tendencia citada a la difuminación de las clases medias quedaría así contrarrestada cuando hablamos de “clases medias trabajadoras”, en donde sí puede autoidentificarse la mayoría de la población.
Estamos en procesos de movilidad social descendente de la mayoría de las clases trabajadoras y especialmente de las nuevas generaciones jóvenes. Esta evolución socioeconómica negativa se da más claramente desde el comienzo de la actual crisis y empujará a estos grupos sociales de clase media a nuevos procesos de movilización social, en los que se aliarán, con cierta facilidad, con los grupos de excluidos y precarizados. Así ocurrió en 2011, con el nacimiento de los movimientos de indignados y el 15M. Pasado el año híper-electoral de 2015 (en prórroga hasta 2016), probablemente nuevas formas de movilización y nuevos movimientos sociales tomarán el relevo de las contiendas electorales y adquirirán mayor protagonismo en la calle y en el ámbito sociopolítico en los próximos años.

Niveles1


Bloques
Objetivo
(nivel económico, posición en el sistema product.) 2
Subjetivo:
los objetivos asumidos como clase o grupo
Subjetivo: lo que se es o se quiere ser, en estatus, participación social, dimensión cultural, perspectivas vitales
Acción social
Solidaridad como clase, acciones
Clase Alta / Oligarquía “élites”
Grandes fortunas, directivos y ejecutivos de grandes empresas y corporaciones

Mantener el sistema social, el statu quo, conservar el poder. Convencer a la sociedad de los postulados neoliberales. La segregación social es natural, etc.

Pertenecer a la élite económica, política y/o cultural. Sociedad de élites.

Control del poder económico, político, jurídico, militar e informativo, mediante la propiedad de los principales medios de comunicación y el control de la información (big data, redes sociales, buscadores, etc.).
Apoyo a partidos políticos conservadores del sistema.
Clases medias trabajadoras

(diferentes clases sociales diferenciadas según profesiones, hábitat y consumo)
Tienen empleo y/o ingresos estables, que descienden desde 2008, con procesos de movilidad descendente y recortes en el “salario indirecto”
No perder el empleo o ingresos. Empleo de calidad. No perder estatus. Mantener el Estado de Bienestar. Conseguir que sus descendientes se mantengan en la misma clase social
Pertenecer a la sociedad “normalizada”, integrada.
Tradicional: sindicatos, asociaciones y colegios profesionales. A partir de 2011, se añaden: 15M, mareas ciudadanas (blanca, verde, naranja, etc.), redes sociales, movilizaciones y nuevas asociaciones contra los recortes en el E. de B. (Cumbre Social, Alianza por el Estado de Bienestar,...). El voto.
Exclusión:
precariado y excluidos
(infraclases)
Pobreza relativa: población con ingresos inferiores al 60% de la mediana nacional (UE)
Subir peldaños en la escala social: integración social, conseguir empleo o más calidad en el empleo, no perder subsidios y ayudas sociales. Mantenerse en el hábitat tradicional (barrio, con servicios públicos..)
Pertenencia a “los de abajo”, se buscan formas alternativas de participación.
Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Asambleas de Parados y por la dignidad. Marchas de indignados, movimiento de los invisibles,... movilizaciones/movimientos esporádicos con poca estabilidad. Okupaciones, CSOA. Acciones radicales.
1 Niveles: características principales para determinar una clase social. Se toma como referencia las propuestas de J. F. Tezanos, 2013, ob. cit., y 2015, ob. cit., especialmente el cuadro 1”Tendencias de evolución clases medias” pág. 14.
2 No existe una cantidad exacta que podamos considerar como el “umbral de la riqueza”, pero sí existen para el umbral de la pobreza: estar por debajo del 60% de la mediana nacional de renta (en Europa), o tener unos ingresos inferiores al SMI, o la tasa AROPE (At Risk of Poverty and/or Exclusion) utilizada en la UE y que incluye datos de renta, posibilidades de consumo y empleo. En España “el dato para el periodo 2009-2014 ha sido de 29,2%, lo que significa [...] 13,5 millones de personas” (Marta Luengo, 2015, “Pobreza y capitalismo, ¿simple coincidencia?”, madrid15m, periódico de asambleas del 15M, nº 41. Nov. 2015). Es algo superior a la primera cifra citada de pobreza relativa, que hemos utilizado en los cuadros, del 26% en 2010, por ser la más conocida. El umbral de la riqueza, con otras denominaciones, ha sido considerado por algunos gobiernos europeos a la hora de fijar impuestos especiales o niveles superiores de contribución en el IRPF. Por ejemplo, algunas opciones políticas proponen una ampliación impositiva para las rentas superiores a los 60.000 € anuales.


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El artículo completo ha sido publicado en la Revista Sistema, nº 245, enero 2017. Referencia:
Autores: Tomás Alberich y Teresa Amezcua.
1 Vicenç Navarro, “¿Existen clases sociales? y ¿Hay conflicto entre ellas?” Nueva Tribuna www.nuevatribuna.es, 20 Septiembre 2013. http://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/existen-clases-sociales-y-conflicto-ellas/20130920121828096586.html

2 Citado por Tezanos, 2013, ob. cit. pág. 266. y la vuelta a la consideración de “clase trabajadora” por parte de un porcentaje
3 José Félix Tezanos, “Transformaciones en las clases medias y nueva estructura social. ¿Ante un cambio de paradigma sociológico?”, Revista Sistema, julio 2015, Madrid, pág. 22, datos de GETS, Encuesta sobre Tendencias Sociales 2014.

4 Tezanos, 2015, ob. cit., pág. 21.
5 Requena et al, ob. cit. 2013, pág. 86.
6 Requena et. al. 2013, ob. cit. pág. 94.
7 Rosario Sánchez Morales, “Algunas consecuencias de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social en la España actual”. Revista Sistema, octubre 2015, nº 240, Madrid, 2015.
8 El SMI y el umbral de la pobreza relativa casi coinciden en España en estos años, en el entorno de 9.000 y 8.000 € anuales respectivamente.

1 de febrero de 2017

Desigualdad, clases sociales y sociedad de los tres tercios (2ª parte de tres)

El imparable aumento de las desigualdades
Cuando en vez de ingresos (anuales) hablamos de riqueza, la distribución es más desigual, pues ésta se encuentra más concentrada1. A nivel mundial, el 10% de los hogares más ricos poseen el 50% de la riqueza total, mientras que el 60% de los más pobres es el 13%. Si nos fijamos en el 40% de los hogares con menos ingresos comprobamos que disponen de tan sólo el 3% de la riqueza. España, por su parte, no queda lejos de la media. El decil de hogares más ricos acumula un 43% de la riqueza, frente a sólo el 20% para el 60% de los hogares con menos ingresos. [Y sabemos que todos estos datos han ido a peor en 2016/17]. Los altos niveles de concentración de la riqueza en el polo superior de la pirámide de población afectan negativamente al crecimiento económico y pueden ser objeto de grandes controversias, pero, además, cuando hablamos de los más pobres ya no nos estamos refiriendo a un pequeño porcentaje de la población, hablamos del 40% que no se está beneficiando de las ventajas del tan aclamado desarrollo. Estas desigualdades debilitan la cohesión de un tejido social cada vez más desgastado y provocan una profunda desconfianza en unas instituciones que no parecen tener voluntad de atajar el problema.

Como indica Krugman2 con las reglas de mercado actuales, es un proceso natural “que las herencias se conviertan en la mayor fuente de riqueza”. Igualmente también podemos considerar un proceso natural el que, una vez que existe libertad de mercado sin restricciones y competencia a nivel mundial, las diferencias salariales no paren de aumentar. Si, por ejemplo, las grandes corporaciones empresariales compiten a nivel mundial, también lo harán globalmente en la contratación de directivos y ejecutivos. Como ha ocurrido con los futbolistas-estrella, esto supone que los salarios más altos seguirán creciendo, hasta llegar a niveles insultantes que, al año siguiente, volverán a crecer. Y los salarios más bajos, los que afectan a cientos de millones de trabajadores, competirán siempre a la baja, si a las empresas les resulta fácil deslocalizarse y mudarse a los países en que más barata sea la mano de obra.
Llegamos a la conclusión de que no es que la crisis haya favorecido el aumento de la desigualdad, es que el proceso ha comenzado más bien al revés: la globalización neoliberal ha provocado un aumento exponencial de las desigualdades durante más de dos décadas y es este incremento uno de los factores por los que ha estallado la reciente crisis (que, a su vez, sigue favoreciendo un nuevo incremento de la desigualdad). Como indica el economista Emilio Ontiveros “El endeudamiento ha sido la vía elegida para compensar la menor generación de rentas por los menos ricos para elevar sus estándares de vida”3. El estudio de Rajan4, economista jefe del FMI, concluye que “Por cínico que pueda parecer, el crédito fácil ha sido utilizado a lo largo de la historia como un paliativo por aquellos gobiernos incapaces de atender directamente las más profundas ansiedades de la clase media”.
¿Por qué España es el país en que más ha aumentado la desigualdad con la crisis, pasando de estar en posiciones intermedias a ser el más desigualitario? Profundizar en esta cuestión excedería de los límites de este artículo. Solo resaltar: 1. Un modelo económico débil, basado excesivamente en los servicios y el turismo y, desde los años noventa, teniendo a la especulación inmobiliaria como factor-motor. Este modelo supone que cuando Europa estornuda España coge la gripe.2. Si las clases medias europeas ven reducidos sus ingresos (por la crisis internacional) lo primero en que reducen gastos es en los más prescindibles: turismo, comprar casa en la playa, etc. El consumo baja, los despidos se cuentan por millones. La desigualdad aumenta en primer lugar porque cuatro millones de españoles pierden su empleo (de 2008 a 2013), llegando a casi seis millones de parados en 2013. A partir de este año el paro registrado disminuye, pero principalmente por el reparto de empleo, creación de subempleo e incremento del precariado. 3. La desigualdad también aumenta porque las políticas sociales y fiscales redistributivas han sido escasas, o al menos insuficientes, especialmente desde finales de los años 90 hasta 2014. En los años de mayor crecimiento no disminuye la desigualdad. Incluso se redujeron o eliminaron impuestos, sobre el patrimonio, las herencias, etc., paralelamente al aumento exponencial de las obras públicas faraónicas y la corrupción.
Desigualdad mundial
Si hablamos de riqueza acumulada los datos son aún más escandalosos. Según el informe de Oxfam5 de 2015, el 1% de los más ricos posee más de la mitad de la riqueza, repartiéndose el menos de la mitad sobrante entre el 99% de la población. Esta desigualdad desorbitada ha aumentado en los últimos años. Entre los más ricos su riqueza no ha dejado de aumentar. Aunque los cálculos de las mayores fortunas son muy complicados de contrastar, los datos que aporta Oxfam (Forbes es una de sus fuentes) son que si en 2010 las 388 personas más ricas poseían la misma riqueza que los 3.600 millones de personas más pobres, en 2015 son 62 las personas que acaparan el mismo volumen de riqueza. En estos cinco años la riqueza de estos 62 individuos ha crecido un 44% (medio billón de dólares). Sin embargo, la mitad más pobre sufrió una disminución de su riqueza del 41% (un billón de dólares). Esto se debe principalmente a la disminución del ingreso real de los salarios en la escala inferior de ingresos. Así, los ingresos medios anuales del decil inferior de la población, sólo se han incrementado en apenas tres dólares en los últimos 25 años.
Por otro lado, las consecuencias de la desigualdad van más allá de lo meramente económico. El estudio de Wilkinson y Pickett6, basado en la comparación de más de 150 artículos científicos, revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen mayores problemas sociales y de salud. Lo determinante en los países desarrollados no es el nivel de renta, sino la desigualdad económica entre sus ciudadanos, de forma que ésta provoca o induce mayores índices de enfermedades mentales, drogadicción, embarazos juveniles no deseados, fracaso escolar, violencia, etc. y menores niveles en salud física y esperanza de vida. Lo que importa no es tanto la mayor o menor cantidad de bienes de que se disponga, sino cuál es nuestra posición relativa en la sociedad y si las distintas posiciones se distancian mucho o poco entre sí. “La desigualdad forma parte de las complejas estructuras sociales y la explicación de sus consecuencias pasa por demostrar cómo afectan estas estructuras sociales a las personas”7.
El que países con gran desarrollo económico, medido en el PIB, tengan peores resultados en cuanto a problemas sociales y de salud que otros países con menor renta per cápita o nivel de riqueza, pero con mayor índice de igualdad social, supone para los autores una prueba de que la desigualdad estructural subyacente de esas sociedades es al mismo tiempo causa y efecto del fracaso social en el bienestar, ya que problemas económicos y sociales se retroalimentan mutuamente produciendo desigualdad.

5. Sociedad de clases medias, dual y de los tres tercios.
La exclusión social, como proceso multidimensional y dinámico, sitúa a personas y grupos en un limbo que no permite sean considerados como miembros de pleno derecho de la sociedad. La exclusión implica algo más que pobreza y desigualdad, pues determina otros aspectos que no se pueden medir únicamente de forma cuantitativa, tales como las formas y modos de pertenencia a una sociedad, reflejando las situaciones de desigualdad que se dan en las sociedades contemporáneas 8.
Aunque al concepto de pobreza se le atribuyen generalmente connotaciones de tipo económico, no hay que olvidar la categorización social que lleva aparejada, pues no sólo se refiere a la percepción de unos ingresos por debajo de una cantidad determinada, sino a los medios de que dispone una persona para lograr la satisfacción de sus necesidades, realizar su desarrollo vital y una participación social de acuerdo con unos estándares mínimos.
El sistema económico por el que nos regimos ha ido restringiendo en las últimas décadas el objetivo redistributivo del Estado de Bienestar, de forma que, al llegar a una situación de crisis económica como la actual, los mecanismos de exclusión se han diversificado, yendo más allá de la lógica de clases imperante hasta ahora, surgiendo nuevos modelos de estratificación social. Esto da lugar a una dualidad social que impide a una parte de la población el acceso a los recursos y oportunidades que la sociedad ofrece a la ciudadanía integrada, creando así “infraclases” o bloque de excluidos. Utilizaremos el término de “bloque” para referirnos a una agrupación o conjunto de varias clases sociales con rasgos comunes.
Los excluidos ya no son solo aquellos grupos tradicionalmente al margen de los circuitos de participación, sino que pueden llegar a serlo por situaciones coyunturales que los alejen de los cauces de integración social: paro estructural y empleo precario, economía sumergida, accidentes incapacitantes, migraciones, enfermedades, familias monoparentales, etc.
En la lucha contra la exclusión social el mecanismo de inserción más efectivo es el empleo, ya que la renta obtenida a través de él es el determinante básico de las oportunidades de consumo de los individuos y su distribución puede ser modificada mediante impuestos y transferencias, que son los instrumentos principales de redistribución de la política económica de los gobiernos. Pero el empleo no es importante solo por la significación retributiva de ingresos, sino también por su potencial capacidad integradora dentro de la estructura social. Y el tipo de empleo es determinante, más desde el comienzo de la Gran Crisis o Gran Recesión (2007 en USA, 2008 en España), que ha favorecido el nuevo fenómeno de “trabajadores pobres”, precarios que son excluidos de las ayudas sociales por trabajar unas horas al mes, unos días al año, o en empleo sumergido, semi-sumergido, etc. al que, en conjunto, denominamos “precariado” (palabra que significa proletariado en situación precaria o precarizado). El precariado forma parte de un conjunto más amplio, el de la población excluida o, más exactamente, el bloque que consideramos como conjunto de población vulnerable que está por debajo del umbral de la pobreza, en el que se suma el precariado y las denominadas “infraclases” de excluidos, donde hay que incluir también a la población jubilada o prejubilada con pensiones bajas (menos del SMI), la población con discapacidad o rasgos de diversidad funcional invalidante para el mercado y/o expulsada sin retorno del mundo laboral o que nunca se ha llegado a incorporar a él y las personas inempleables, marginadas de diferente signo (lo que Marx denominaba lumpen proletariado).

De la sociedad dual a la de los tres tercios
La teoría económica de la sociedad de los tres tercios establece que la sociedad se divide en tres estratos principales9. Un primer tercio formado por la clase dominante, cuya representación cuantitativa es minoritaria. Son los más beneficiados del sistema, logrando puestos de trabajo con alta remuneración, gracias generalmente a su riqueza o a la alta cualificación. Un segundo tercio está constituido por las clases medias profesionales, trabajadores asalariados de muy diversa cualificación que logran participar de las ventajas del engranaje de la sociedad de consumo, al haber accedido a puestos de trabajo seguros o al menos estables (fijos de empresas privadas o de entidades públicas), más los trabajadores por cuenta propia, los pequeños empresarios, etc. Este grupo es el más amplio en términos cuantitativos. El último tercio, inicialmente no muy numeroso pero que en las últimas décadas está ampliando alarmantemente su extensión, está formado por los “pobres” entendidos desde el concepto tradicional de pobreza absoluta, en situación permanente de exclusión social, pero también y cada vez más, por los citados anteriormente de la pobreza relativa.
Este último tercio pone de manifiesto la lógica del Mercado Total, que se ha convertido en paradigma del crecimiento económico y social para los teóricos neoliberales, y que sitúa al Mercado como regla suprema del sistema que ha de imponerse. El dirigente socialdemócrata alemán Peter Glotz fue uno de los primeros autores que utilizó, ya en los años ochenta, la expresión de la sociedad de los tres tercios, o de “los dos tercios” en el mismo sentido que el citado. Glotz planteaba el dilema al que se enfrentaba la socialdemocracia alemana: si electoralmente solo le interesa trabajar para los dos primeros tercios ¿quién se ocupa del tercero?10 Eva Bertram nos resume los grupos principales de la estratificación de Glotz: en la sociedad tendríamos una pequeña parte (el 0,5%) que tienen el poder, son los más privilegiados y se imponen mediante lo que comunican, crean los símbolos (programadores, analistas mediáticos, de las finanzas, etc.) ... y un tercio de los de abajo que son los “sin trabajo, sin techo, de las rentas mínimas, jóvenes sin trabajo, etc.11
Por su parte Villasante, también en los años ochenta, utilizaba el concepto de “la sociedad de los dos tercios” al analizar la crisis de los movimientos sociales urbanos y el enfrentamiento entre diferentes bloques sociales, que le llevaba a mostrar que la “contradicción principal” estaba entre el “Bloque dominante (capital financiero)” y el “Bloque social alternativo” en el que situaba a los dos tercios restantes: “Pequeña propiedad, especialistas asalariados y trabajadores eventuales”12. En este bloque alternativo situaba a los dos tercios que incluyen desde pequeños propietarios y asalariados cualificados (2º tercio) hasta el último tercio, en el que se encuentran trabajadores eventuales y personas excluidas. La contradicción principal ya no estaría entre el proletariado y la burguesía como había planteado Marx. El bloque social alternativo nacería por las sucesivas “Crisis del Control Social”: “Crisis de la Iglesia y de los valores sociales tradicionales. Crisis de la Universidad, de los profesionales y el caciquismo. Crisis del marxismo y de la actuación política tradicional”.
Figuras de la estratificación
Tenemos así diferentes teorías sobre jerarquización y estratificación social que se corresponden con la evolución desde el feudalismo hasta el capitalismo globalizado contemporáneo, y que podemos representar con diferentes formas geométricas (Gráfico 3 -Figuras 1 a 5):
1) Sociedad tradicional. Piramidal, jerarquizada rígidamente y estratificada ordenadamente según estamentos, donde la mayoría de la población forma parte de la base y pocos están en el vértice. Se correspondería con las fases anteriores al capitalismo, sociedades predominantemente agrarias con estructuras sociales feudales, de castas y de monarquías absolutistas.
2) Sociedad industrial incipiente. Con una burguesía creciente, comercial y artesana-industrial, en que se ensancha paulatinamente la parte central de la pirámide, caminando hacia un trapecio y a una figura casi rectangular. Siglos XVIII y XIX de Europa y Norteamérica.
3) Sociedad industrial madura o avanzada13: se sigue ensanchando el centro de la pirámide, sumando a unas clases medias que se convierten en mayoritarias numéricamente, favorecidas por el crecimiento del Estado de Bienestar. Forma de rombo o “estructura en diamante”, con poca población en la cúspide y poca población empobrecida. Es un proceso que se da principalmente desde los años 30 a los 80 del s. XX (Occidente y países de la OCDE).
4) Sociedades duales.
A mediados del s. XIX, Marx y Engels, aunque habían analizado el fenómeno de los fraccionamientos hasta en ocho diferentes clases en diferentes países, pronostican que la mayoría de la población se situaría en el futuro inmediato en sociedades industriales, ocupadas directamente (o en el entorno) de solo dos clases sociales, enfrentadas y claramente predominantes: la burguesía y el proletariado. El resto de la población serían sectores marginales o dependientes de los dos anteriores, como el campesinado de sociedades no suficientemente industrializadas, el lumpenproletariado y, en las zonas intermedias, estaría la pequeña burguesía, de comerciantes, autónomos y pequeños industriales, sometida a las presiones constantes de ambas clases sociales, y teniendo que optar por una o por la otra:
“La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase [...] Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado”.14

Esta sociedad dual se puede dibujar como dos “rombos” enfrentados y solapados (figura 4). En el mismo sentido se expresan autores contemporáneos, posmarxistas o neomarxistas, que consideran que seguimos en procesos de proletarización creciente.
La sociedad dual de integrados/excluidos
El desarrollo de la versión moderna de esta sociedad dual es la estructura de las “sociedades tecnológicamente avanzadas”, donde se produce una “coincidencia de dos sistemas con poca comunicación. El superior con una mayoría de clases medias ordenadas meritocráticamente. El inferior con un amplio núcleo de infraclases y excluidos”15 que vemos en la figura 4bis.
En las sociedades posindustriales desarrolladas la mayoría de la población estaría situada en el “rombo” o semicírculo superior, mientras que una minoría está en el inferior. En las sociedades empobrecidas sería al revés. Se ha caminado hacia una sociedad dual pero no la prevista por el marxismo de proletarios y burgueses, si no la de “integrados” y normalizados por un lado y la de los que están fuera, los excluidos. En medio solo queda un pequeño grupo, los círculos de la vulnerabilidad, los que están en el entorno del borde de la pobreza.


1 OCDEa, ob. cit, 2015.
2 Paul Krugman, “Eso sí que es ser rico” El País-Economía, 11 mayo 2014.
3 Emilio Ontiveros, “Perturbadora desigualdad”, en José Félix Tezanos (ed.), Los nuevos problemas sociales. Duodécimo Foro sobre Tendencias Sociales. Editorial Sistema, Madrid, 2012, pág. 30.
4 Rajan, 2010, citado por Ontiveros, 2012, pág.31.
5 Deborah Hardoon, Ricardo Fuentes-Nieva y S. Ayele, Una economía al servicio del 1%: Acabar con los privilegios y la concentración de poder para frenar la desigualdad extrema, Oxfam, 2016 http://oxf.am/ZniS
6 Richard Wilkinson, y Kate Pickett, Desigualdad: un análisis de la (in)felicidad colectiva, Turner Publicaciones, Madrid, 2009.
7 Willkinson y Pikket, ob. cit., pág. 22.
8 Eva Sotomayor y Belén Agrela, “Vulnerabilidad y exclusión social. La gestión de los cuidados”, en Yolanda de la Fuente (coord.) Situaciones de dependencia y derecho a la autonomía: una aproximación multidisciplinar, Alianza Editorial, Madrid, 2009, págs. 262-265.
9 Juan Nepomuceno García Nieto, Pobreza y Exclusión Social. 1987. Disponible en: Fundació Lluís Espinal. Centre d´estudis Cristianisme y Justicia. http://www.cristianismeijusticia.net/sites/www.cristianismeijusticia.net/files/es20.pdf
10 Antoni Domenech, ponencia "The Right to Egalitarian Democracy". En: Tenh Congress of the Basic Income European Income Network Barcelona, sept. 2004
11 Eva Bertram: Die Informatisierung von Gesellschaft und Wirtschaft und ihre Auswirkungen... (traducción propia, consulta: enero 2016) http://www.diplom.de/e-book/219973/die-informatisierung-von-gesellschaft-und-wirtschaft-und-ihre-auswirkungen Y en Glotz, “Las grandes rupturas”, pp.: 60-68, en Nueva Sociedad, n º 72, Julio-Agosto de 1984. Disponible on-line en: http://www.nuso.org/upload/articulos/1172_1.pdf
12 Tomás R. Villasante, Comunidades Locales. Análisis, Movimientos Sociales y Alternativas. Instituto de Estudios de Administración Local, Madrid, 1984.
13 José Félix Tezanos “Desigualdades y estratificación social en España”, Salustiano del Campo y José Félix Tezanos Editores, La Sociedad, España Siglo XXI. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2008.
14 Karl Marx y Friedrich Engels [1848], Manifiesto Comunista. Editorial Progreso, Moscú, 1979.

15 Tezanos, ob. cit. 2008, pág.404.